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sábado, 12 de junio de 2010

Tres veces Teté, tres veces Mérida.

Mérida, por la rosa de los vientos

y por los cuatro puntos cardinales,
por mis cinco sentidos, los cabales,
y por los cuatro, antiguos, elementos.



El pasado 7 de junio se celebró el Día de la Libertad de Prensa. Ahora que nuestra casa de estudios preparó una ceremonia de reconocimientos a ex alumnos me es grato pagar una deuda pendiente con una de nuestras ex compañeras de estudios, periodista que en el mes de febrero nos invitó a la presentación de su libro en la Casa de España.

No dará chance de relatar la extensa la obra de María Teresa Mézquita Méndez, ex integrante de la tercera generación en Ciencias de la Comunicación Social. Su currículum pertenece a esa especie rara catalogada como Magnum opus, pues por la cantidad de obras y acciones, no puede resumirse. Más bien quiero  poner sobre la mesa ese reconocimiento a quienes dan ejemplo de tenacidad y constancia en todas las etapas de su vida. Por eso he titulado este escrito como está previo visado del poeta Fernando Espejo Méndez.

Con dos amigos entrañables Eduardo Avila y Jorge Canto, -allá pude ver luego a Iván Rubio- acudimos a la Casa de España invitados a la presentación, el 24 de febrero ppdo; de su audiolibro “Tres veces Mérida”. Editado por el Ayuntamiento de Mérida y Cultur— es una segunda edición mucho más documentada que la primera y con fotografías a color del libro “Al encuentro de las Méridas. Más de medio siglo de reencuentros”, también de Teté.
La nueva edición —publicada por el Instituto de Cultura de Yucatán y Conaculta— y el audiolibro, fueron presentados por la doctora en Historia Stella María González Cicero -de quien admiro su obra sobre la Virgen de Izamal-  y el poeta Rubén Reyes Ramírez, en el marco de un festival cultural dedicado a las Méridas, encuentro que reunió en ese bucólico espacio de Itzimná al Todo Condate romanesco de la cultura meridana: Poetas como Roger Cicero Mac-Kinney, Luis Pérez Sabido, el cronista de la ciudad Juan Francisco Peón Ancona, Héctor Navarrete Muñoz, presidente de la venerable Liga de Acción Social fundada en 1909, promotores culturales de todas las dependencias, periodistas culturales, pagineros web, extraviados, modelistas a ultranza y funcionarios mayores y menores de todas las dependencias en uno de esos eventos bien hechos en los que se tiene la sensación de que nada fallará.

Honestamente no recuerdo alguna presentación de algún libro en esta ciudad, durante los últimos años, que haya reunido a tantas personalidades de la cultura meridana. Por momentos me parecía que allá se celebraba una Sesión Solemne de Cabildo para conmemorar el aniversario de la Ciudad. Vino a mi memoria la reseña de los Juegos Florales de Mérida de 1992.

No me extraña tratándose de Teté: Desde el principio vi que su evento rescató, pudiera decirse, a la Casa de España de un ostracismo que pudiera relacionarse más con el desempeño de las nuevas generaciones en la vida cultural que por otras teorías que no me atrevo a sugerir. De hecho se mencionó en el evento, cierta amalgama entre la Liga de Acción Social y este recinto como parte de un nuevo interés por retomar valores culturales que se van perdiendo. Ahora un letrero en sus jardines confirma esta relación causa-efecto entre dos venerables organismos que nunca se publicarán en Plan B. Y es que para los poco versados en estas lides, es difícil no asociar a Maria Teresa con la Casa de España durante los últimos veinte años de sus actividades culturales.

 
Mérida Uno, Teté Uno.

Mérida siempre, en todos los momentos:

se sube a mis presiones arteriales
y viaja con mis cartas credenciales
en el golpe de voz de mis acentos.


Esta la etapa en la que Teté deslumbra a propios y extraños como embajadora de la Casa de España: La verdad es que para esas épocas éramos ajenos a ese extraño mundo, pues nuestro universo cultural se limitaba, por esas épocas a las cuatro paredes de Zac-Nah los sábados y cuando no había dinero, pues acompañar a la tía a ver a “Cholo” o de plano llevar a la novia al cines Colón y luego a cenar pizzas a Romano´s o Fausto´s, tan sencilla y simplona era la vida provinciana de principios de los ochentas.

No estoy seguro si Teté es de raíces cumistas o modelistas, pero su personalidad se asemejaba un poco a esas muchachas que parecen salir, por sus dotes ingeniosas, de una escuela donde la oratoria forma parte habitual de sus concursos.

Y creo que desde ahí nos había comentado su interés por desentrañar y conocer por todas sus venas los orígenes, nuestros orígenes. Sabemos que pudo conocer de cerca las zarzuelas, las obras de los maestros españoles –Yo ví a su papá Don Wilberth, actuar en Izamal varias obras de Saavedra-; el amor por la poesía de Alfonsina Storni y sepa Dios que otros recuerdos imborrables. No había escapatoria: la cultura se fue alambicando en la personalidad de Teté con fuertes raíces de curiosidad, amor por la investigación y un talento innato para las ciencias sociales, dones que se potenciaron durante su labor como embajadora de la Casa de España y estoy seguro, por la formación vivencial de un hogar que rebosaba de cultura desde sus cimientos.

Quién sabe que más vivencias más habrá atesorado Teté en este cargo, pero recuerdo con precisión cuando una vez me dijo en una de las prolongadas charlas de café: “-Cuando tienes conciencia de representar algo o alguien, no puedes eludir tu destino”. Quizá por ese comentario fue emocionante presenciar a don Wilberth Mézquita declamar los sonetos de Fernando Espejo y de Roger Cicero allá mismo en el evento y entender esas raíces que formaron el acervo de María Teresa.

Mérida Dos, Teté Dos.

Mérida huele a todo lo que huelo,

me sabe a vino cuando pruebo el vino
y es una nube blanca en cualquier cielo.


Nunca olvidaré cuando me abrió las puertas de su enorme Ford -o Chrylster- Galaxy café por Santa Lucía para darme un aventón a fin de cumplir una comisión para el Diario de Yucatán: Su papá le había dado para trabajar un enorme auto para poder reportear por la ciudad, un auto setentero cuyas puertas pesaban como las de la Catedral.

Junto a un servidor, Teté fue la primera reportera de la naciente sección de Imagen cuando apenas éramos estudiantes. Nos llamaban en la Redacción “Los niños bonitos de Carlos” en alusión al actual director de Megamedia, quien recién llegaba de la Ibero para fundar una sección que hoy, representa un buen porcentaje de las ventas publicitarias del Diario.

Teté fue la punta de lanza de un proyecto que le sentaba bastaste bien: Toda la ciudad era suya y no había evento cultural, social o religioso que no pudiera ser reporteado como ella: Su inseparable diccionario-enciclopedia Espasa Calpe y su lista de verbos pegados a las máquinas 386 hablaban de su natural disciplina académica, atributos que finalmente le llevaron a ser testigo y voz de opinión para la creación de Imagen, sección donde Teté llegó a ser editora y jefa de información.

Las trenzas de Teté fueron admiradas por propios y extraños a su llegada en Chablekal: La lista de admiradores incluían a reporteros de varios medios y su afición a la declamación y la poesía le valían el reconocimiento de editores y periodistas tanto de la vieja guardia como la llamada "flota mosquito" de reciente ingreso.  Junto a su mesa en la Redacción, muchas veces intercambiamos puntos de vista, experiencias y en más de una ocasión fui la causa de afectuosas llamadas de atención cuando mi conducta bataholera me hacía imposible ver con madurez otros aspectos de la vida que ella, con su natural intuición, sabía deducir con generosidad.

Esa delicadeza se manifestó cuando me sugirió que fuéramos a visitar a un compañero de la Redacción que sufrió una brutal golpiza a manos de la policía en el gobierno de Víctor Manzanilla Schaffer a manos del comandante Jorge Carlos Martínez Lugo. Así llegamos a la casa de Juan Ceballos Uc, quien luego llegaría a ser alcalde de Hunucmá.

Su trabajo era exigente y lo gozaba como nadie al grado que en una ocasión, por las prisas y el transito acabó con todo y su enorme auto -que parecía una barcaza- en plena fuente de la glorieta de  Paseo de Montejo y Circuito Colonias. En esa ocasión le dije que le llamaría al Jorge Alvarez Rendón  para que bautizara a esa glorieta como "El muellecito". En esa época no existía Burguer King en Mérida, así que para mí esa fuente me sigue recordando a Teté.
De alguna manera Maria Teresa sabía ser intensa cuando se lo proponía.
-¿Qué opinas de mi poema “El Torso”?,-me preguntó en la Redacción del Diario.
-Teté, debo reconocer que en poesía erótica podrías sufrir ciertas censuras,-dije en 1991, cuando me mostró varios poemas de su autoría.

Aun así, ella sabía festejar, dónde comer bien y en qué lugar servían los mejores vinos y quesos. Recuerdo con particular regocijo cuando bailábamos technotronic durante la cobertura de la visita papal de Juan Pablo II en Villahermosa en 1991 y también en Kalia a unos días de su inauguración, también cubierta por nosotros. (La invitación que llegó a la redacción era un pedacito de tela negra cuadrada). Nunca me expliqué como podía divertirse y trabajar al mismo tiempo.

Sabiendo que en muchos aspectos la ciudad le quedaba chica, intuía que Teté era de altos vuelos: En el plano personal veo con cierto arrepentimiento cuando en broma le sugería aprender oficios más simplones para no ahuyentar a los hombres de la chancla popular  que como moscas, se acercaban a cada rato para invitarla a salir. Ocupaciones como cocinar o bordar, le decía, para fastidiarla, pero en realidad ambos sabíamos que a esas alturas ya era una mujer fuera de serie.

Me faltarían páginas para seguir enhilando recuerdos de esta etapa de Teté, pero son las que recuerdo con mayor facilidad. Ahora pasaremos a la tercera parte.

Mérida tres, Teté tres.

Su súbita memoria me desgarra

y hacia ella salgo por cualquier camino
a la primera cuerda de guitarra.

Los horizontes de Teté no se quedaron en Mérida. Mientras yo regresaba de Inglaterra ella, al culminar sus estudios ya estaba lista para irse a Madrid en 1992. Días antes cubrí para El Diario la ceremonia de su graduación. Me acerqué a su padre, Don Wilberth, quien con lágrimas en los ojos me platicaba lo que yo ya sabía: Teté fue la alumna con mejor promedio de su generación en toda la Unimayab, pero algo impidió que se le reconociera.

Ahora que tengo una hija puedo entender con mayor claridad lo que significaron las lágrimas de un padre como esas que brotaron en la solemnidad de la ceremonia que tuvo lugar en el auditorio Alejandro Gómory: es ese llanto callado de satisfacción y tristeza ante la inminente partida de una hija que deja la protección de la casa paterna para irse a otros mundos, otros quereres. Este sentimiento se repetiría pocos años más tarde en la ceremonia religiosa de su boda en Catedral, cuando don Wilberth entregó, ante el Cristo de la Unidad, a las dos flores de su jardín.No sé que habrá pasado por el corazón de sus padres cuando Teté tuvo la oportunidad de conocer en persona lo que de niña y adolescente representó en innumerables veladas. Recuerdo que me detalló su paso por Madrid, Badajoz y Extremadura donde pudo apreciar con mayor detalle los orígenes de la Mérida extremaña y que más tarde darían solidez académica a su tesis de licenciatura. La prófecía se cumplió: Maria Teresa ya había alzado el vuelo.

A partir de 1993 y hasta 1998 más o menos Teté inicia una etapa más intensa de su vida: Me consta como dedicó tiempo, lágrimas, esfuerzo y desveladas a la tesis de licenciatura mientras dejaba horas eternas en la redacción del Diario como Jefa de Información de Imagen: Nunca cedió a sus esfuerzos pues por su capacidad pronto logró, años después, que por primera vez una institución como el Macay descubriera que la cultura no debe encerrarse en un museo sino hay que sacarla por todos los medios como ella lo supo hacer.

Recuerdo que me informó que tuvo a su cargo la Secretaría Ejecutiva del programa “Mérida 2000, Capital Americana de la Cultura” y fue integrante de los Consejos Municipales de la Literatura y de la página literaria En Plural, esta última del Instituto de Cultura de Yucatán.

También me dijo que obtuvo el premio beca de investigación “Méridas iberoamericanas 2000” convocado por la sede en Mérida, Extremadura, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, de España.

Estuvo seis meses en el 2001, en la ciudad de Madrid, España donde asistió a la XLV edición del Curso para profesores de Lengua y Literatura Española que imparte en su sede la Agencia Española de Cooperación Internacional en coordinación con el Ministerio de Asuntos Exteriores de España, en la que concluyó el proyecto de investigación “El Cristal con que se mira, poesía para ver el Museo del Prado”.

Teté fue conductora desde marzo de 1999 y hasta junio de 2003 del programa televisivo “La Hora Cultural Macay” del Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán” en el canal 13 local y últimamente tuvimos el gusto de apreciarla en el canal del History Channel, además de colaborar con la agencia alemana de noticias EFE.

Entre otras cosas ejerce el periodismo cultural independiente en conferencias, presentaciones de libros, conducciones y coordinación y promoción de eventos y la última vez que nos vimos estaba por culminar el doctorado en filología hispánica en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, con sede en Madrid.
Durante la presentación de su libro me vinieron tantas memorias pero una en particular me causó grata impresión: nunca me arrepentiré en una ocasión de marzo de 1991, de reclamarle que no me escribiera. Reconozco que fue una manera un poco infantil y egoísta de exigir mis derechos como amigo no solo del aula sino también del trabajo. De alguna forma intuía que la amistad genuina de Teté iba a ser difícil de sustituír.

Ella me respondió por medio de una carta que atesoro junto a otras cartas de amigos entrañables a quienes el tiempo no me ha permitido darles acuse de recibo: Y es que a veces, cansado o aburrido de la superficialidad, las fiestas desenfrenadas, las relaciones efímeras con muchachas de otras generaciones–intensas, pero un poco sosas- gozar de la plática o la escritura de Teté era un sano respiro para el alma y el intelecto pues no solo se compartían inquietudes sino también sueños y proyectos de carrera en una Mérida que en aquel entonces no ofrecía lo que a otras ciudades de Europa les sobraba en materia cultural.

Es probable que haya incurrido en algunas inexactitudes, pero únicamente expuse lo que pronto me vino a la memoria. Seguro habrán más, pero es hora de agradecer a Maria Teresa esos dones que enaltecen a nuestras generaciones.

Estoy seguro que las puertas enormes de ese auto gigante que se abrieron en esa tarde de septiembre de 1989 también fueron las del portal de su amistad que por gracia de la memoria, me deja una sensación de orgullo y en ocasiones un poco de nostalgia, como la que estoy seguro, siente su papá don Wilberth en esos silencios eternos de una casa paterna y materna que empieza a reclamar las ausencias y como los buenos vinos, a enriquecer los recuerdos.

Gracias Teté porque con esa riqueza que sabes compartir, nos haces ver que las Méridas del Mundo, como los amigos, no sólo se llaman igual.





4 comentarios:

Lucy Heisinger dijo...

Buena Onda.

Anónimo dijo...

Con el ala del sombrero en la mano izquierda, el corazón apachurrado en la derecha, me pongo de pie ante Usted, Insigne Maestro de la Fina Pluma, nadie como su mano para llenar de bellas palabras y ensalmos por la Undecima Musa, la Dama de la Curva de Prolongación Montejo, Inquisidora del sueño juvenil de varios Unimayabitas ochenteros, Verdadera Maestra de la pluma y del buen decir. Dama en verdad que siempre tenía y debe de seguir teniendo para todo aquel humilde mortal que se le acerca, un amable detalle en prosa, una atención inmerecida y que deja siempre el recuerdo de una entrañable amiga y compañera como es Teté Mezquita, La Embajadora de Mérida, la de Yucatán.

Verdad es que si a alguien faltó de reconocer en la ceremonia mayabita fue a Teté, pero para eso está aunque d emanera humilde el reconocimiento de nuestra Logia y el reconocimiento en nuestros corazones y nuestros pensamientos, el de sus amigos que siempre tendremos en el alma la huella de su amistad. Atte.Juantanques

Teté dijo...

Eduardo, qué amabilidad y qué gentileza la tuya, muchas gracias por tantas palabras amables y también por volver a mi presente recuerdos que me hacen sonreir y evocar. (Y también pensar "somos los mismos, sólo que con más años").
Gracias de nuevo y todo tu homenaje y el de los amigos (Juan y Jorge, espcial abrazo) siempre presentes, siempre sinceros, hagámoslo también por tantos comunicólogos esforzados, luchones y creativos que sabemos que ahí están, y que de repente, cuando sabemos todo lo que hacen, no dejamos de admirarnos de la gran diversidad y capacidad que hay en nuestra gente. Una vez más, porque no me cansaré de decírtelo gracias por tu generoso y afectuoso espacio en tu blog y un abrazo para ti y para todos de meridana y hermana.
Teté Mézquita

Anónimo dijo...
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